”No se nace mujer, se llega a serlo” afirma Simone de Beauvoir en su libro Segundo Sexo. La frase, desde la primera vez que la leí, me resultó ambigua. Y no es algo que me ocurre solo a mí: **según Carlos Peña la frase es ambigua a propósito**. ## Comentario En lo particular, me he propuesto dos interpretaciones: 1. **Todos podemos ser mujeres, independiente de nuestro sexo**: Cualquiera, sin importar el punto de partida, puede llegar a ser mujer si así se lo propone o así llega a desearlo (por alguna razón deliberada o no). Un hombre, por ejemplo, puede llegar a ser una mujer. Bajo esta lógica, la genética, las hormonas y el cuerpo físico que resulta de la interacción de estos dos elementos con el ambiente no son relevantes. 2. **Nacer mujer no es suficiente para *ser* mujer**: Nacer en un cuerpo de mujer es insuficiente para ser reconocida o ser siquiera merecedora de ser tratada como tal. El cuerpo femenino confiere así la potencia para ser mujer, pero aún se necesita recorrer una cierta senda hasta el producto final. Bajo esta lógica, la genética, las hormonas y el cuerpo físcio que resulta de la interacción de estos serían condiciones necesarias, pero insuficientes. Ninguna de las dos me convence del todo. La primera, atenta contra el valor propio de la mujer como un otro diferente del hombre, cuya diferencia no tiene por qué hacerla menos valiosa. La segunda, impone unos requisitos que la naturaleza no considera: en la naturaleza basta con haber nacido mujer para serlo—lo demás es superfluo. #Rev/2602 #Tipo/Reflexión