Una de las razones por las que nunca parecemos llegar a la meta que nos hemos propuesto es que esta "lista de verificación" de la que hablábamos antes se nutre de comparaciones con los demás o con un ideal que es simplemente inalcanzable. Estamos siempre viendo lo que nos falta en lugar de apreciar lo que ya tenemos y hemos logrado.
Haz la prueba. Un día que te encuentres libre de las preocupaciones cotidianas más importantes (el trabajo, los hijos, etc.), idealmente durante un fin de semana o un día de vacaciones, concéntrate en dedicar algo de tiempo (sugiero repartirlo en varios bloques a lo largo de un día) a apreciar aquello que has logrado.
Un primer ejemplo consiste en pensar de qué manera puedes aprovechar mejor aquellos bienes materiales que has conseguido. Seguro que hay muchas cosas que tienes que no usas hace tiempo o que dejaste de usar poco después de haberlas conseguido.
Un segundo ejemplo consiste en reflexionar acerca de qué tanto mejor es tu vida en relación a lo que lo era hace 5 o 10 años. Piensa en cuáles eran tus objetivos en aquel entonces, cómo has ido consiguiendo algunos de ellos (o todos) y de qué manera algunos efectivamente hicieron que tu vida fuera mejor, mientras que muchos otros no eran más que una ilusión.
La manera correcta de superar esta trampa es redirigiendo el foco de la comparación. En lugar de compararte con lo que son o tienen otras personas, compárate con una versión anterior tuya. Todos cambiamos, todos los días aprendemos nuevas cosas y la búsqueda del crecimiento y la superación es casi una regla. Algo tiene que ser mejor ahora que antes. Tu objetivo es encontrarlo y valorarlo.
#Rev/2602 #Tipo/Reflexión