Cuando un programa hace un *await* para, por ejemplo, una operación de red, la CPU le envía una instrucción a la tarjeta de red diciéndole: "Toma estos paquetes, envíalos y, cuando recibas una respuesta, levanta la mano". En ese momento, la CPU se olvida del asunto y lo delega a los microchips de la tarjeta de red. Cuando esta última recibe la señal que esperaba, envía una interrupción a la CPU, forzándola literalmente a detenerse por un microsegundo. %% [[Gemini 3 Pro]] %% Cuando el programa llega a un *await*, la CPU delega la espera de ese evento a los circuitos del hardware que corresponda y queda libre para ejecutar otras tareas, es decir, **se pausa la ejecución de una función asíncrona**. La CPU es demasiado rápida y potente como para desperdiciar ciclos esperando respuestas de componentes miles de veces más lentos. Por eso, la CPU solo retoma la ejecución cuando recibe una interrupción que le avisa que el proceso en manos de ese otro hardware ha terminado. Gracias a esto, una aplicación no se congela, sino que mantiene su interfaz funcionando de manera fluida. #Rev/2602 #Tipo/Reflexión