Las personas ven en el Estado la solución a los problemas que los privados no resuelven adecuadamente. Sin embargo, no se dan cuenta de que el Estado no es un ente etéreo y libre de contaminación, simplemente porque también está administrado por personas que son susceptibles a caer en las mismas malas prácticas que el resto de los mortales.
De hecho, me atrevería a decir que es incluso más fácil considerando que se administran recursos que no son propios y sobre los que el despilfarro no tiene mayor peso específico.
Las personas son corruptibles. Independiente de si la administración (de cualquier cosa) está en manos del Estado o de privados, lo único que puede impedir un mal resultado es el control. Y este control se obtiene por medio de la fiscalización rigurosa y objetiva.
#Rev/2602 #Tipo/Reflexión